El arte de hablar en público

El arte de hablar en público
febrero 04 16:27 2016 Print This Article

En plena era digital, la palabra bien hablada no ha perdido fuerza ni efectividad a la hora de transmitir conceptos, comunicar estrategias y presentar proyectos. Su vigencia se desprende de los cursos que instituciones especializadas como el Instituto de la Voz dictan con destino a empresarios y ejecutivos que necesitan “mejorar la presencia escénica” y “dominar el estado nervioso” al hablar en público, como condiciones indispensables de éxito.

“Por fuera de la oratoria básica o profesional, la oratoria corporativa está orientada a un segmento que maneja ventas o marketing y debe comunicar con precisión y seguridad”, apunta Carlos Rodríguez Demartino, profesor de oratoria moderna y coordinador pedagógico de la casa de estudios, quien explica que el primer paso es determinar el esquema corporal vocal. “Ésta es la imagen que tenemos de nuestro cuerpo y nuestra voz y está constituida no sólo por características anatómicas sino por ciertos hábitos como los gestos, la forma de hablar, el ritmo y la cadencia. A veces el alumno es consciente de estos rasgos y otras, no”, refiere. “Cada voz tiene su personalidad y no se trata de cambiarla sino mejorar aquellas características negativas”, reseña Demartino.

“Un caso muy común es el de la gente que habla sin abrir bien la boca. Este hábito (que hace a su esquema corporal vocal) debe reemplazarse por el habla clara. Lo mismo pasa con algunos vicios en la pronunciación de las consonantes”, agrega. “Las particularidades de la oratoria corporativa distinguen desde el manejo de una entrevista de trabajo hasta la presentación de un power point, con una creciente complejidad interempresaria”, precisa el profesional.

 “En casos de ascensos ejecutivos, suelen aparecer dificultades inhibitorias para contener el estado nervioso que conlleva el ejercicio del nuevo rol –advierte Demartino–. Esto requiere trabajar el manejo de la presencia escénica para lograr el dominio de un auditorio”. Aunque la tecnología no ha logrado relegar la contundencia de la palabra en el ámbito público, su influencia ha tenido consecuencias negativas en nuevas generaciones familiarizadas con las simplificaciones digitales del lenguaje. “Los sectores más jóvenes han empobrecido su vocabulario en función de una lengua tan rica como la española, que comprende 100.000 vocablos, manejándose con un promedio que no alcanza las mil palabras”, revela.

Esta carencia se expone especialmente en “la sinonimia, la pobreza de emplear sinónimos que enriquecen cualquier exposición”, agrega. “Todo orador avezado debe tener un arma infaltable: la improvisación. Para lograrla hay que practicar mucho. Y una de las claves para lograrlo es incrementar el vocabulario”, completa el concepto básico. También se trabaja con videos para observar qué ocurre con el cuerpo en el espacio. “Es muy sorprendente para los que no tienen experiencia de haber sido filmados. La primera vez que nos vemos aparece una dificultad para reconocernos. Lo mismo sucede cuando escuchamos nuestra voz grabada. Esta provocación que nos causa sirve para trabajar con los gestos”, esboza el experto. “En este terreno, todo se puede aprender. Ejemplos sobran, desde Demóstenes, el gran filósofo y orador griego que venció su tartamudez, hasta la maravillosa transformación de Jorge VI de Inglaterra, quien, para vencer la tartamudez, acude al profesor australiano Lionel Logue, historia muy bien narrada en El discurso del rey”, concluye. (La Comunicación Oral. Herramientas para el dominio de la oratoria. Charla gratuita a cargo del prof. Carlos Rodríguez Demartino. En el Instituto de la Voz, Montevideo 781. Jueves, a las 18 Inscripciones al 4812-3127).

Recomendaciones

■ No exagerar los gestos. Una persona que se toca la cara permanentemente o que se rasca cada dos minutos desvía la atención del discurso, que es lo fundamental.

■ En el otro extremo, recordar que la sobriedad es buena siempre que no atente contra la naturalidad.

■ Tener las manos en los bolsillos será adecuado, o no, según la familiaridad que se tenga con el auditorio.

■ Un empresario que está hablando para ejecutivos de otras empresas debe mantener una gran corrección.

■ En cambio, si se dirige a un grupo de directivos de su propia firma, puede moverse con más comodidad.

■ Mirar al público y apoyarse en las miradas que devuelven simpatía y atención.

■ Enriquecer los discursos con comparaciones, anécdotas y metáforas.

■ Ensayar frente a un espejo, no siempre es útil.

Fuente: Carlos Rodríguez Demartino

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